Ese instante

Aprovechando los pocos rayos de sol que entran por la ventana, dejo que el calor acaricie mi rostro.

Por un resquicio de mis entrecerrados ojos veo una silueta en la habitación de enfrente ella también aprovecha el poco sol que da casi de pleno en su habitación.



Para mi asombro veo cómo lo disfruta con plenitud al hallarse casi en su totalidad desnuda.

En ese momento la envidia me recorre el cuerpo, y querría poderme trasladar ipso facto junto a ella.

Ella una mujer de pelo dorado y labios insinuantes, que en alguna ocasión habíamos intercambiado un cordial saludo.



Ella que en alguno de mis sueños me había colmado de placeres se mostraba sin pudor y sin saberlo ante mis ojos.

No puedo apartar los ojos de su esbelto cuerpo, caliente por el sol, no puedo más que dejarme llevar por mis primitivos deseos, aunque no pueda tocarla.

Lo sé, no está bien, que mis ojos recorran lascivos su cuerpo en la distancia, que mis manos se dirijan a mi sexo con inconsciencia, pero su cuerpo invita a eso y a más... si pudiera.

En mi ensoñación veo que se da cuenta que mis ojos están clavados en ella, lejos de enfadarse y taparse, me dirige una pícara sonrisa.

Sabe que no puedo tocarla...

Quién sabe si quizás a ella también le gustaría un encuentro bajo el sol en su habitación.

Quizás no me di cuenta en aquellos escuetos saludos que mi presencia la turbase y por ese motivo ahora me sonreía con lascividad.

Mi asombro es magnánimo cuando me percato que despacio recorre una mano por su cuello. Sigue mirándome. La desliza hasta su turgente pecho y recuesta su cabeza hacia atrás en el sillón, se detiene a jugar con sus dorados pezones y la otra mano se encamina al lugar donde quisiera sumergirme...

Mi corazón se acelera, no doy crédito a lo que mis ojos ven, ¿me estará invitando a su juego en la distancia?

Ella no sabe que yo ya había empezado a imaginar sus manos en mi cuerpo, y mientras la observo le asiento con la cabeza en señal de aprobación para jugar los dos al tiempo.

Pasea la lengua por sus labios a la vez que su mano sigue recreándose en sus senos, con la otra mano se prodiga caricias en los muslos hasta encaminarse al epicentro de su placer.

Disfruto viéndola y veo cómo ella disfruta también.

En ese momento veo que sus manos se intercambian,  se regala caricias que quisiera fueran mías, entre entreabre los muslos y desliza su mano derecha, veo que un leve quejido se escapa de su boca, y yo me siento desvanecer.

Se acaricia de nuevo un pecho, se entretiene en él mientras sigue acariciándose, se eleva el otro y me mira, acerca su lengua al erguido pezón y la desliza juguetona sobre él, mientras hunde la otra mano en su intocable edén. Su respiración se vuelve más  entrecortada, agitada, sigue deslizándose allá donde mis manos no pueden estar... y mientras a lo lejos ella llega al nirvana, mi cuerpo se deshace sin ella en... ese instante.


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